¿Qué será del futuro con el presente que
vivimos? Cuesta darse cuenta que la historia no está para aprenderse de
memoria, sino para aprender de ella. Los hechos se repiten en forma cíclica
hasta que alguien se atreve a romper con el círculo. Y no sucede sólo a nivel
mundial, sino que en el seno de una familia. El chileno Pedro Engel lo llama “ancestrología”.
Este señor, cuyo apellido significa “ángel”, se dedica a sanar el árbol
familiar y merece todo mi respeto. La “crítica” por sí sola no basta sin una
solución de fondo.

Quizá no sea fácil contestar la pregunta.
Algunos dirían que, primero, porque no podemos conocer el futuro. Segundo, no
vamos a ser testigos del futuro. Pues, yo creo que el futuro es predecible sin
cartas ni objetos de adivinación. Si continuamos con nuestra conducta todo
permanecerá estático, incluso aunque el mundo cambie. Mientras no nosotros no
cambiemos algo, nuestro “mundo” será el mismo. Y aunque medio mundo se queja de
cómo está el mundo a nivel mundial, pocos son los que se atreverían a hacer
algo para cambiarlo. ¿Y qué se puede hacer?, es la pregunta del millón. Hay
muchas soluciones. A nivel “espiritual” se encuentran la ancestrología, como
mencionaba arriba, o el “ho’oponopono”. Soluciones poco ortodoxas, pero la historia muestra que
revoluciones sangrientas han llevado a través de la historia a la liberación de
pueblos, que luego cayeran en manos de gobernantes peores que los recién derrocados.
La violencia genera más violencia.