La gente está llena de prejuicios,
pero peor aún, el mundo está lleno de mitos. Este año me he dado cuenta, más
que nunca, que las apariencias engañan. Lamentablemente, cuando se vive en “país
ajeno”, ya carga uno varios mitos consigo. La gente cree que en Sudamérica la
gente anda vestida como indios del altiplano. Se lo preguntan a mi marido cada
vez que se presenta la oportunidad. Él contesta que, a diferencia de los
alemanes, los hombres chilenos van con traje y corbata a la oficina. Acá se ha desatado
mucha controversia con respecto a la vestimenta de las mujeres musulmanas,
aquellas que andan todo de negro o con el cabello cubierto. Personalmente, creo
que uno puede vestirse como quiera, y, a diferencia del resto de la gente, no
me molesta que anden todas tapadas. Esa misma gente que critica es la que viste
ropa que necesita con urgencia una lavadita. “Aunque el mono se vista de seda,
mono queda”. Cuán verdadero. Prejuicios, prejuicios y más prejuicios. Acá
también la gente es maleducada. Padres que dejan que sus hijos los eduque el
colegio, y si no, que se eduquen solos. “Solito aprenderá”. Uno agacha la
cabeza ante tanta hipocresía. Gente que vive en casas modelos, que por fuera
parecen buena gente, pero por dentro están vacíos. O yo diría ciegos, totalmente
ciegos. Todo el mundo mira para el lado, ya que nadie quiere ser el primero en quejarse
y romper el modelo de apariencia perfecta. ¡Las apariencias engañan!

Ayer acompañé a la clase de mi hijo
(tercero básico) a la visita a un museo. Casi veinte minutos en tren. ¡Uf!, unos
trenes de lujo y última generación, como en Alemania, ¡las apariencias engañan!
Unos niños se pusieron a hacer estupideces, a resbalarse sobre el suelo del
pasillo y a pegarse con unos folletos, pasando a llevar a los pasajeros que
estaban sentados. Les importó un comino que los regañara. Uno hasta me imitó. Los
hubiera dejado con gusto en el tren, y hasta creí, que sus padres estarían felices
de deshacerse de sus hijos. Tristemente, no soy la única que lo cree. Estoy
segura, que si hubieran sido niños de piel oscura, todo el mundo se habría
exaltado. Por supuesto, el “negro” es el inculto. Pero como eran rubios de ojos
azules, la gente ponía sólo mala cara. ¡Estos prejuicios! Hay que mirar a la
gente con los ojos de la verdad, y el velo será descubierto.