El
sistema educacional
alemán es diferenciado. El elitismo también existe en sistemas de índole
socialista (una persona soltera entrega un poco menos del 50% de su
sueldo al
sistema; el casado con hijos alrededor del 40%). La educación estatal
premia a
los adolescentes más capacitados, quienes por sus capacidades podrían
llegar a la
universidad. Estos niños son enviados a un “Gymnasium” (después de haber
cursado los cuatro años de educación básica), la escuela donde pueden
terminar sus
años de escolaridad (sumando los cuatro de educación básica) con 12 ó 13
años
de estudio, accediendo al “Abi” (Abitur), la prueba final. Otros niños
con menores
capacidades sólo pueden estudiar 9 ó 10 años (terminan, si no han
repetido, a
los 14 ó 15 años y no a los 17). Si encuentran un cupo en un “Gymnasium”
especial
pueden continuar sus estudios para obtener un “Abitur”. No sólo por
experiencia
propia, sino por lo que me cuentan, sé que los planes de estudios en los
colegios varían, siendo la enseñanza en un “Gymnasium” más completa y
exigente.
De hecho, los profesores son formados para enseñar en los diferentes
colegios,
y no es lo mismo ser un profesor de “Gymnasium” que uno de “Realschule”,
o
escuela básica, ya que poseen diplomas diferentes. Algunos padres envían
a sus
hijos al “Realschule” (10 años) porque es más “fácil” y el niño no
tendrá “estrés”,
esperando que luego pueda ir a un “Gymnasium” especial (donde se
implanten la
clase 11 y clase 12) donde poder terminar la escuela y obtener el
“Abitur”.
Para mucha gente su único orgullo es tener un “Abitur”, como si hubieran
obtenido un doctorado. Quizá por ello, a muchos alemanes les molesta
que musulmanes o inmigrantes vayan a un “Gymnasium”. Es pura envidia.

Hay un tercer tipo de colegio que no he mencionado, adonde van
los niños que terminarán siendo, literalmente, rechazados por la sociedad. El “Hauptschule”
(que para sacarle el estigma cambiaron a “Gesamtschule”) acoge a los niños que
durante la escuela básica mostraron poco o ningún interés por estudiar o aprender.
También tenían malas notas, que en Alemania van desde la mejor con un 1,0 a la
peor con un 6,0. Estos niños serán liberados al año número 9 de escolaridad. Mucho
se habla sobre los inmigrantes, y este tipo de escuela parece ser el lugar donde
terminarán los hijos de los inmigrantes, más que nada, a falta de conocimiento
del idioma. Muchos inmigrantes entregan toda la responsabilidad de la educación
de sus hijos al Estado, esperando que la escuela o los profesores les enseñe a
los niños y se preocupen de que aprendan. Yo misma soy extranjera y mi hijo
menor tuvo problemas con la lengua. Por el bilingüismo, aprendió a hablar a los
tres años. A sus nueve, ha avanzado bastante, y no gracias a la hora semanal
que la escuela ofrecía a los niños hijos de inmigrantes para llenar falencias (de
la cual lo liberé). Siendo su padre hablante nativo del alemán, las
deficiencias al escribir se encontraban en la poca lectura. ¡Leer hace
milagros! Y eso falta: que los padres se preocupen de que sus hijos lean o
cuenten historias.

Muchas profesiones
no son universitarias (y basta el diploma de 10 años de asistencia escolar),
como la enfermería o la educación parvularia (jardines infantiles). Una matrona
tampoco va a la universidad, sino que aprende en un hospital, así como la
enfermera, quien no está capacitada para sacar sangre, poner infusión o vacunas.
Eso es tarea del médico. Por esta razón, estas profesiones son mal pagadas.

No todos
los adolescentes con “Abitur” (diploma del Gymnasium) terminan en
universidades. Las notas cuentan, y quienes no las obtienen pueden ponerse en
una lista de espera (Numerus Clausus) que puede durar años. Para la carrera de
medicina se necesita un 1,0 en el Abitur, sobre todo en las universidades con
nombre. Quien tiene dinero puede estudiar en el extranjero. Por ejemplo, en Hungría
se puede estudiar medicina en alemán por unos cinco mil euros por semestre. En
otros países, hay que hacerlo en el idioma del país.

Muchos
hijos de inmigrantes se nacionalizan para estudiar sin tener que pagar costos adicionales.
En algunas universidades, el extranjero debe pagar cuotas semestrales de unos
500 euros; poco, si pienso que en algunos países se paga dicha suma por mes. Pero
quien tiene el dinero se lo puede costear. En Alemania el dinero tal vez no
cuenta, pero sí la capacidad.

PERO…
en todas partes existen agujeros, e, incluso, aquí hay una enorme
grieta. Estadísticamente existen sobre un millón de analfabetos
(personas que no saben leer ni escribir) y estas personas son poseedoras
de un diploma escolar. También lo dicen las estadísticas. O la misma
gente. ¿Cómo es posible? Pues, aunque sea el diploma escolar de nueve
años, lamentablemente, también se regala. Más lamentable es que un
sistema promueva que sus ciudadanos tengan un diploma, aunque en la
práctica esta gente no sepa hacer nada, o no tenga interés en aprender
algo. Es una realidad. Hay profesores que, orgullosamente, han salido en
los periódicos afirmando que ellos regalan los diplomas de “Abitur”
(“conmigo aprueban todos”). O, peor aún, que los niños no repitan de
curso. Lo importante es que todos tengan un diploma, cuanto antes mejor,
para que empiecen a trabajar lo antes posible. Pagadores de impuestos
es lo único que fomenta este sistema. Es una triste realidad, pero aún
más triste encuentro, que al ciudadano común y corriente le importe un
comino. Y el problema es, precisamente, que la mayoría de los ciudadanos
son “comunes y corrientes”; dicho de otra forma, gente que, según los
estándares internacionales, ni siquiera ha terminado el colegio, ya que
en la mayoría de los países el diploma escolar se obtiene con, al menos,
12 años de escolaridad. Y siendo aún más sincera, se nota a primera
vista. Pues, aunque el nivel de estudios oficiales no define la
inteligencia, ni la conducta, ni la verdadera educación de una persona,
ciertamente que alguna diferencia hace. Porque, como vengo de otra
cultura, donde medio mundo debe endeudarse para estudiar, se nota a la
vista la diferencia entre ambas culturas. La diferencia entre la
mentalidad chilena de “nadie me regala nada” en contraposición con la
alemana de “el Estado se hace cargo”. Un término medio sería ideal, pero
el ser humano aún no es capaz de tanto.