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El blog de Susana

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En estas páginas plasmo mi opinión y mis experiencias.
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El sistema educacional alemán

Vida en Alemania Posted on Mon, April 29, 2019 11:23:32

El
sistema educacional
alemán es diferenciado. El elitismo también existe en sistemas de índole
socialista (una persona soltera entrega un poco menos del 50% de su
sueldo al
sistema; el casado con hijos alrededor del 40%). La educación estatal
premia a
los adolescentes más capacitados, quienes por sus capacidades podrían
llegar a la
universidad. Estos niños son enviados a un “Gymnasium” (después de haber
cursado los cuatro años de educación básica), la escuela donde pueden
terminar sus
años de escolaridad (sumando los cuatro de educación básica) con 12 ó 13
años
de estudio, accediendo al “Abi” (Abitur), la prueba final. Otros niños
con menores
capacidades sólo pueden estudiar 9 ó 10 años (terminan, si no han
repetido, a
los 14 ó 15 años y no a los 17). Si encuentran un cupo en un “Gymnasium”
especial
pueden continuar sus estudios para obtener un “Abitur”. No sólo por
experiencia
propia, sino por lo que me cuentan, sé que los planes de estudios en los
colegios varían, siendo la enseñanza en un “Gymnasium” más completa y
exigente.
De hecho, los profesores son formados para enseñar en los diferentes
colegios,
y no es lo mismo ser un profesor de “Gymnasium” que uno de “Realschule”,
o
escuela básica, ya que poseen diplomas diferentes. Algunos padres envían
a sus
hijos al “Realschule” (10 años) porque es más “fácil” y el niño no
tendrá “estrés”,
esperando que luego pueda ir a un “Gymnasium” especial (donde se
implanten la
clase 11 y clase 12) donde poder terminar la escuela y obtener el
“Abitur”.
Para mucha gente su único orgullo es tener un “Abitur”, como si hubieran
obtenido un doctorado. Quizá por ello, a muchos alemanes les molesta
que musulmanes o inmigrantes vayan a un “Gymnasium”. Es pura envidia.

Hay un tercer tipo de colegio que no he mencionado, adonde van
los niños que terminarán siendo, literalmente, rechazados por la sociedad. El “Hauptschule”
(que para sacarle el estigma cambiaron a “Gesamtschule”) acoge a los niños que
durante la escuela básica mostraron poco o ningún interés por estudiar o aprender.
También tenían malas notas, que en Alemania van desde la mejor con un 1,0 a la
peor con un 6,0. Estos niños serán liberados al año número 9 de escolaridad. Mucho
se habla sobre los inmigrantes, y este tipo de escuela parece ser el lugar donde
terminarán los hijos de los inmigrantes, más que nada, a falta de conocimiento
del idioma. Muchos inmigrantes entregan toda la responsabilidad de la educación
de sus hijos al Estado, esperando que la escuela o los profesores les enseñe a
los niños y se preocupen de que aprendan. Yo misma soy extranjera y mi hijo
menor tuvo problemas con la lengua. Por el bilingüismo, aprendió a hablar a los
tres años. A sus nueve, ha avanzado bastante, y no gracias a la hora semanal
que la escuela ofrecía a los niños hijos de inmigrantes para llenar falencias (de
la cual lo liberé). Siendo su padre hablante nativo del alemán, las
deficiencias al escribir se encontraban en la poca lectura. ¡Leer hace
milagros! Y eso falta: que los padres se preocupen de que sus hijos lean o
cuenten historias.

Muchas profesiones
no son universitarias (y basta el diploma de 10 años de asistencia escolar),
como la enfermería o la educación parvularia (jardines infantiles). Una matrona
tampoco va a la universidad, sino que aprende en un hospital, así como la
enfermera, quien no está capacitada para sacar sangre, poner infusión o vacunas.
Eso es tarea del médico. Por esta razón, estas profesiones son mal pagadas.

No todos
los adolescentes con “Abitur” (diploma del Gymnasium) terminan en
universidades. Las notas cuentan, y quienes no las obtienen pueden ponerse en
una lista de espera (Numerus Clausus) que puede durar años. Para la carrera de
medicina se necesita un 1,0 en el Abitur, sobre todo en las universidades con
nombre. Quien tiene dinero puede estudiar en el extranjero. Por ejemplo, en Hungría
se puede estudiar medicina en alemán por unos cinco mil euros por semestre. En
otros países, hay que hacerlo en el idioma del país.

Muchos
hijos de inmigrantes se nacionalizan para estudiar sin tener que pagar costos adicionales.
En algunas universidades, el extranjero debe pagar cuotas semestrales de unos
500 euros; poco, si pienso que en algunos países se paga dicha suma por mes. Pero
quien tiene el dinero se lo puede costear. En Alemania el dinero tal vez no
cuenta, pero sí la capacidad.

PERO…
en todas partes existen agujeros, e, incluso, aquí hay una enorme
grieta. Estadísticamente existen sobre un millón de analfabetos
(personas que no saben leer ni escribir) y estas personas son poseedoras
de un diploma escolar. También lo dicen las estadísticas. O la misma
gente. ¿Cómo es posible? Pues, aunque sea el diploma escolar de nueve
años, lamentablemente, también se regala. Más lamentable es que un
sistema promueva que sus ciudadanos tengan un diploma, aunque en la
práctica esta gente no sepa hacer nada, o no tenga interés en aprender
algo. Es una realidad. Hay profesores que, orgullosamente, han salido en
los periódicos afirmando que ellos regalan los diplomas de “Abitur”
(“conmigo aprueban todos”). O, peor aún, que los niños no repitan de
curso. Lo importante es que todos tengan un diploma, cuanto antes mejor,
para que empiecen a trabajar lo antes posible. Pagadores de impuestos
es lo único que fomenta este sistema. Es una triste realidad, pero aún
más triste encuentro, que al ciudadano común y corriente le importe un
comino. Y el problema es, precisamente, que la mayoría de los ciudadanos
son “comunes y corrientes”; dicho de otra forma, gente que, según los
estándares internacionales, ni siquiera ha terminado el colegio, ya que
en la mayoría de los países el diploma escolar se obtiene con, al menos,
12 años de escolaridad. Y siendo aún más sincera, se nota a primera
vista. Pues, aunque el nivel de estudios oficiales no define la
inteligencia, ni la conducta, ni la verdadera educación de una persona,
ciertamente que alguna diferencia hace. Porque, como vengo de otra
cultura, donde medio mundo debe endeudarse para estudiar, se nota a la
vista la diferencia entre ambas culturas. La diferencia entre la
mentalidad chilena de “nadie me regala nada” en contraposición con la
alemana de “el Estado se hace cargo”. Un término medio sería ideal, pero
el ser humano aún no es capaz de tanto.



¿Alemania se está autoeliminando?

Vida en Alemania Posted on Fri, February 01, 2019 17:48:51

Así lo asegura el libro “Deutschland schafft sich
ab“ (Alemania se autoelimina). Es así, pero sólo en parte.

En el aeropuerto de Pudahuel (de Santiago) me
preguntó la señora policía, al entregarle los pasaportes alemanes de mi
familia, si era verdad que en Alemania se hablaba tan bien inglés. Me llamó
mucho la atención aquella pregunta y contesté que no. Por supuesto que, viviendo
en la frontera francesa, el francés es más importante. La gente, en general,
habla el inglés básico como en otros lugares del mundo. PERO… como el gobierno
alemán incentiva la inmigración con miras a llenar su industria de mano de obra
barata, por aquella razón, en todas partes se está dando preferencia al inglés para
crear una atmósfera de “bienvenida” y “aceptación”. Muchos creen, de verdad, esta
falacia. El pueblo alemán, por su parte, ingenuo, cree que es parte normal del
proceso de globalización que todo esté en inglés, sin darse cuenta del truco. Unos
se han dado cuenta, sin ver una salida real a la situación más que la esperanza
de que es una moda que pasará pronto. Otros, por su parte, han empezado a hacer
sus maletas. Gente con dinero o estudios desean abandonar el país. Es una realidad.
La cantidad de hombres fuerinos (foráneos) en grupos por las calles es
impresionante. Ya muchas mujeres no se atreven a salir solas. En un pueblo como
en el que vivo yo, ya me siguió un muchacho a las siete de la mañana luego de
dejar a mi hija en la escuela. De seguro no quería preguntarme la hora. Y otros
padres tampoco dejan a sus hijas andar solas, menos aún porque incluso a
mediodía son seguidas por hombres de piel oscura para toquetearlas o bajarse
los pantalones delante de ellas. Cosas que me han contado otras madres.
Lamentablemente, hay gente mala que no viene más que a delinquir y hacer daño. Y
eso hay en todas partes. El origen o el color de piel no es un indicio, pero la
gente asocia inmediatamente al hombre negro con delincuente, al musulmán con
intolerante, o al alemán con el nazi. Que los hay, hay. Que no hay que meter a
todo el mundo en un mismo saco es de perogrullo. Se dice, pero no se
practica.

Unos vecinos ya nos anunciaron sus deseos de emigración
y no son los únicos. ¿Y por qué? Pues, porque los recién llegados tienen más
derechos y garantías que todos los demás juntos. Ya deportar a un delincuente
es delito contra los derechos humanos. Tal vez; tal vez, no. Un delito seguro
es dejar que la gente acumule rabia, frustración y odio, y volverlos radicales.
Los más enojados al respecto son los extranjeros que viven hace años acá, y a
quienes les ha costado un mundo la convivencia con el idioma, pero más aún, con
la gente.

Pero la gente no se da cuenta, que aquellos que
recién llegan no están destinados más que a ser esclavos del sistema, mientras aguanten.
Yo lo veo como un nuevo tipo de esclavitud. Ya no se va a buscar a la gente de África
a sus países de orígenes, sino que se los obliga a emigrar (a través de la exportación
de productos europeos subvencionados, que impide el desarrollo de una industria
nacional) y se les facilita la entrada a países como Alemania, para venderles un
sueño que está destinado a romperse. Cuánta compasión siento con aquella gente,
porque en un país como éste, jamás serán aceptados por la mayoría. Ni tampoco sus
hijos. Menos aún asistiendo a un sistema educacional, en donde el Estado
invierte sólo en los más capacitados. Así es. Solamente el sol brilla gratis. ¿Qué
hace un adolescente con sólo nueve años de escuela, nueve años, además, que son
más fáciles que en las escuelas para niños más “capacitados”? Una madre de tres
hijas me lo recalcó: “Mi hija menor no va al “Gymnasium” (diploma de 12 ó 13
años) porque el “Realschule” (10 años) es más fácil”. Como se dice en Chile, “me
quedé de una pieza” (consternada y sin poder contestarle). Y es,
lamentablemente, la mentalidad de otras madres.

Pero siguiendo con los inmigrantes. ¿Cómo se
comporta la gente con los extranjeros? Como en algunos países se le pone el
título a la persona, el abogado, el doctor, la profesora, etc., acá es el
musulmán, el griego, el turco, el “extranjero”. Y ojo, que quienes discriminan
no son solamente alemanes. De cierta forma, un extranjero tienen más compasión
con otro extranjero, pero sólo hasta cierto punto. Hoy en día, medio mundo mira
con recelo a todo lo que es “árabe” y desprecia lo “musulmán”, sobre todo a
aquellas mujeres vestidas de negro hasta los talones, que dejan solamente el
rostro descubierto. Cosas de costumbres. Y en un país libre cada cual se viste
como quiere. Y acá es realmente así.

Pero “la culpa no la tiene el chancho, sino
quien le da el afrecho”. Es cierto que este país se está autodestruyendo con su
inmigración incontrolada, pero no hay más culpables que los propios alemanes,
que se quejan de su gobierno, pero que al momento de votar continúan dando el
voto a los mismos políticos. La gente aún no entiende que los políticos son
elegidos por ellos y que no han comprado los puestos que tienen. Ni siquiera se
los han ganado. En una democracia todos tienen algo que decir, vestir o
religión que profesar, y cuando se vive en una, no queda otra que aguantar al vecino
de al lado, aunque se tengan ganas de matarlo. Otro dicho dice que es “el
pueblo tiene el gobierno que se merece”, pues porque el pueblo lo elige. La
moraleja es, que quien se queja, que haga algo para cambiarlo.



Las apariencias engañan

Vida en Alemania Posted on Fri, November 16, 2018 10:02:39

La gente está llena de prejuicios,
pero peor aún, el mundo está lleno de mitos. Este año me he dado cuenta, más
que nunca, que las apariencias engañan. Lamentablemente, cuando se vive en “país
ajeno”, ya carga uno varios mitos consigo. La gente cree que en Sudamérica la
gente anda vestida como indios del altiplano. Se lo preguntan a mi marido cada
vez que se presenta la oportunidad. Él contesta que, a diferencia de los
alemanes, los hombres chilenos van con traje y corbata a la oficina. Acá se ha desatado
mucha controversia con respecto a la vestimenta de las mujeres musulmanas,
aquellas que andan todo de negro o con el cabello cubierto. Personalmente, creo
que uno puede vestirse como quiera, y, a diferencia del resto de la gente, no
me molesta que anden todas tapadas. Esa misma gente que critica es la que viste
ropa que necesita con urgencia una lavadita. “Aunque el mono se vista de seda,
mono queda”. Cuán verdadero. Prejuicios, prejuicios y más prejuicios. Acá
también la gente es maleducada. Padres que dejan que sus hijos los eduque el
colegio, y si no, que se eduquen solos. “Solito aprenderá”. Uno agacha la
cabeza ante tanta hipocresía. Gente que vive en casas modelos, que por fuera
parecen buena gente, pero por dentro están vacíos. O yo diría ciegos, totalmente
ciegos. Todo el mundo mira para el lado, ya que nadie quiere ser el primero en quejarse
y romper el modelo de apariencia perfecta. ¡Las apariencias engañan!

Ayer acompañé a la clase de mi hijo
(tercero básico) a la visita a un museo. Casi veinte minutos en tren. ¡Uf!, unos
trenes de lujo y última generación, como en Alemania, ¡las apariencias engañan!
Unos niños se pusieron a hacer estupideces, a resbalarse sobre el suelo del
pasillo y a pegarse con unos folletos, pasando a llevar a los pasajeros que
estaban sentados. Les importó un comino que los regañara. Uno hasta me imitó. Los
hubiera dejado con gusto en el tren, y hasta creí, que sus padres estarían felices
de deshacerse de sus hijos. Tristemente, no soy la única que lo cree. Estoy
segura, que si hubieran sido niños de piel oscura, todo el mundo se habría
exaltado. Por supuesto, el “negro” es el inculto. Pero como eran rubios de ojos
azules, la gente ponía sólo mala cara. ¡Estos prejuicios! Hay que mirar a la
gente con los ojos de la verdad, y el velo será descubierto.



El queso suizo

Vida en Alemania Posted on Tue, October 30, 2018 21:01:35

Hoy caminaba por las calles del centro de Schaffhausen, una ciudad
suiza en la frontera con Alemania. La arquitectura es realmente fascinante; aún
se observan casas decoradas y pintadas como en tiempos del siglo XVII. Suiza siempre
me ha llamado la atención, ya que en este país conviven tres tipos de culturas
diferentes: suizos alemanes (que componen más de la mitad de la población),
suizos franceses y suizos italianos, quienes no se diferencian sólo por el
lenguaje que hablan, sino que también por algo más. Los “italianos” y “franceses”
son, sin duda, más latinos que los “alemanes”. Como decía, en este país se convive
con tres idiomas, además de un cuarto que es el retrorromano. Los suizos alemanes
hablan también un dialecto, que, aunque tiene un sinnúmero de palabras alemanas,
cuesta comprender, incluso para un oído experto. Aquí parece que medio mundo
habla el dialecto: en tiendas, en la calle, en restoranes. A mi marido le llama
la atención que hasta los inmigrantes lo hablen. En ello me quedé pensando hoy.
Pues, yo creo que los suizos son diferentes, en muchos aspectos. Son muy
gentiles, ya que saludan en cuanto uno pisa una tienda. En este país, cuya
arquitectura ha quedado intacta (a salvo de las últimas guerras mundiales), parece
que sus habitantes han quedado a salvo de los traumas de la guerra. Es cierto
que su población sufrió también hambrunas que surgieron durante y después de
las guerras mundiales, aunque no en la misma medida que en otros países. Vale
recordar que Suiza siempre sirvió como territorio neutral y, durante la Primera
Guerra Mundial, se convirtió en un gran hospital. Los soldados de los países en
conflicto eran intercambiados en territorio suizo y muchos pudieron curar sus
heridas en sus hospitales. En Suiza nació la Cruz Roja. Durante la Segunda
Guerra Mundial se vivió más el miedo de una invasión, por ello se movilizó su
ejército y se construyeron búnkeres como línea de defensa al estilo de la Línea
Maginot francesa. La guerra, sí, ciertamente, provoca traumas casi insalvables
en el ser humano y su descendencia. Pobres los que las han sufrido; más pobres
aún, quienes las ignoran. Se nota en su población. Aquí se vive la democracia per se: se pregunta directamente al
pueblo, quienes dan su opinión con un voto directo. El nivel de inmigración es,
porcentual, más alto que en Alemania; la mitad del pueblo ya votó en contra de un
aumento descontrolado. En este país abundan los túneles, así como las vacas con
sus enormes campanas al cuello que pastan a campo abierto al lado de las
calles. El queso es sabroso, así como el chocolate (Lindt y Frey son mis
marcas favoritas). Destaco que se nota en los alimentos y su fabricación la
influencia francesa-italiana. Quien desee viajar en automóvil por sus
autopistas debe conseguir una Vignette,
un autoadhesivo que se pega en el parabrisas delantero y que permite usar las autopistas
durante todo un año. La policía se viste de azul como en el resto de Europa, aunque
los autos son de un color blanco con naranjo, que más semejan una ambulancia.
Que es caro, lo es; aunque su diversidad merece más de una visita.



El peligro de ser peatón

Vida en Alemania Posted on Tue, October 02, 2018 10:00:54

Continuando con el diario vivir, mi hija
me contó el otro día que un compañero le preguntó por qué su mamá la iba a dejar
al colegio. Ambos fueron compañeros en la escuela básica y él vive a pocas
cuadras de nuestra casa. Le aseveró, también, que ella vivía tan cerca y podía
irse sola La mejor amiga de mi hija le respondió que no era su problema, y que,
en el fondo, estaba celoso porque él tenía irse solo. Otra niña se entrometió y
dijo que no era tan malo que la mamá la acompañara, pero que lo hacía desde el
1º básico. Mi hija está en quinto y va a un nuevo colegio, a un “Gymnasium” que
queda a unos 15 minutos a pie desde nuestra casa. Podría llevarla en auto, como
hace la otra gente, pero caminar es saludable, sobre todo, cuando no se puede
(o quiere) practicar deporte. Aunque hay ciclovías, los niños no respetan las
calles, ni semáforos ni peatones, aunque en cuarto año tuvieron que rendir una
prueba, tanto escrita como práctica, sobre el uso de una bicicleta. La policía
esta siempre la primera semana de clases controlando, y sólo esa semana hay
cierto “orden”. Los otros días es como vivir en la jungla. Hoy en la mañana
casi me atropelló un ciclista; quise cruzar el semáforo en verde y el niño
(seguro de unos 11) no respetó el rojo. Me pasó rozando por el lado, y no
alcancé a reaccionar para insultarlo. Al darme vuelta ya estaba a varios metros
de distancia. La semana pasada uno se cayó al suelo, y debido a la pesada
mochila, no podía ponerse de pie. Quise ayudarlo, pero me mandó al infierno con
reiterados: “Todo en orden, todo en orden, todo en orden”. No me extraña,
tampoco, que como adultos los ciclistas sean tan desvergonzados y se crean los
reyes de las calles. Pero no sólo acompaño a mi hija al colegio para saber que llega
bien, sino para pasar tiempo con ella. Tal vez su amiga tenga razón y sea pura
envidia.



El entorno alemán 1

Vida en Alemania Posted on Thu, September 20, 2018 10:43:43

Hace un par de días le contaba a una
amiga chilena que me ha costado casi veinte años de mi vida comprender la
psicología de mi entorno. Viviendo en el sur de Alemania desde hace casi 20
años y gozando del regalo de viajar con frecuencia por Europa, me he dado
cuenta que el ser humano es igual en todas partes. No físicamente, obviamente,
sino que interiormente. Acá también sufren de una envidia o arrogancia espantosas,
y un miedo aún más horroroso, a la de vivir en desarmonía. Huyen del conflicto
como si fuera la peste, lo que significa que no alzan sus voces contra las
injusticias, sino que se quedan callados y miran para el lado (Como
en muchas otras culturas), incluso si alguien está siendo robado o golpeado. Desde la infancia se elimina el deseo de lucha.
Gritar es un pecado; el ruido de una autopista es preferible al de una escuela.

Durante los tiempos monárquicos, los
niños no eran propios sino de los gobernantes; los hijos se tenían para el rey y
sus juegos de guerra. Era un honor servir a la patria, y de ahí se comprende,
porqué el pueblo aceptó lo que tuvo que aceptar. Pero no quiero referirme al pasado
sino al presente. Los niños siguen criándose, de alguna forma, de la misma manera; las padres son desapegados y ya con seis años tienen que andar solos por
las calles, yendo a comprar o al colegio. Con ocho se les permite entrar solos
a la piscina (nadie pregunta si saben nadar). En los rostros de muchos se nota la desazón por la falta de un
adulto acompañante; otros no quieren nada con sus progenitores. Muchos extranjeros desean “adaptarse”,
educando a sus hijos de la misma manera, niños que después se sienten rechazados
por sus padres o por el entorno que no los acepta por sus raíces foráneas. La triste realidad de una sociedad que se cree algo “especial”. No todo lo que brilla es oro.