Hoy quisiera hablar sobre ideología de la
“raza superior”. Primero, y para quien no sepa, toda simbología de la época del
nacionalsocialismo está prohibida y es castigado por la ley. Las patentes de los
automóviles tienen dos letras que señalan la ciudad o distrito, y luego dos
letras a gusto o generadas al azar, pero ni por uno o lo otro se puede contar
con las combinaciones “SS” o “NS”. NS es la abreviatura en alemán de nacionalsocialismo;
“SS”, de “Schutzstaffel”. Siguiendo con el tema en cuestión, los ideólogos nazis
creían que los alemanes eran ascendentes directos de los arios, unos
superhombres que poblaron la Tierra miles de años antes de Jesucristo. Su principal
ideólogo, Alfred Rosenberg, plasma esta concepción en su libro “el mito del
siglo XX”. Se dice que Adolfo Hitler se basó en él al escribir “Mi lucha”. Mi
opinión personal es que Rosenberg sacó mucho de Helena Blavatsky, quien expone
la teoría de las siete razas y nombra a los arios en su libro “Doctrina secreta”.
Como sea, el hecho es que estos hombres se creían parientes directos de superhombres,
semidioses de las leyendas nórdicas (Odín, Tor y esos personajes de las
películas de los “Vengadores”). Por ello, siguiendo el patrón de las
descripciones de estos semidioses, los parientes directos debían ser rubios (claros)
de ojos azules y de elevada estatura, lo que constituía el ideal de belleza. (Comentario
aparte: Cuando pienso que muchos rubios “claros” en las calles son de ascendencia
rusa, no comprendo por qué creían que este pueblo era de raza inferior). Los
judíos no fueron perseguidos por su religión, sino por tratarse de una raza. La
sangre alemana era superior y preciada, y su mezcla con “inferiores” debía
tomarse con cuidado. De ahí las leyes de Núremberg de 1935, por las cuales se identificó
a los judíos por el porcentaje de sangre judía en sus venas (25%, 50% ó 100%). Hay
que aclarar que, hasta un par de años atrás, un hombre o mujer era alemán sólo
por el hecho de tener sangre alemana, es decir, alemán no es quien nace en
territorio alemán. Esto se conoce como ius
sanguinis
(“derecho de la sangre”). La meta de esta gente era la limpieza
étnica, y la solución del “problema judío” se basó , en un principio, en su
emigración. Algo parecido sucedió, lamentablemente, en otras culturas y etapas
históricas; y hasta en la actualidad. Sin embargo, para acelerar el proceso, al
correr de la guerra se pusieron en uso los denominados campos de exterminio o de
concentración, donde opositores, judíos y prisioneros de guerra fueron
exterminados, ya sea a través de la asfixia (cámaras de gas) o el trabajo extenuante.
Aunque hay gente que cree que el holocausto o Shoa no ocurrió, no se pueden
cerrar los ojos a la documentación escrita y fotográfica. No hay peor ciego, quien
no quiere ver; y el ser humano suele cerrar los ojos fácilmente. Hay que agregar
que, los judíos eran enviados a estos campos desde todos los territorios
ocupados por los alemanes durante la guerra.

A pesar de que la sangre alemana era
preciada, los minusválidos no se consideraban personas aptas para el nuevo mundo
por venir. Por ello, se buscaba su exterminación y la eutanasia fue un método
empleado por médicos y personal hospitalario. Por otra parte, las mujeres
solteras eran alentadas a dar a luz a niños que cumplieran con los ideales de
belleza, y se fundaron diversos hogares donde estas muchachas pudieran llevar a
fin su embarazo para luego dar en adopción a sus hijos, quienes terminaban en
casas de nacionalsocialistas elegidos con lupa por el gobierno. Las mujeres,
por cierto, debían tener muchos hijos, y los hombres eran alentados a
procrearse con mujeres que no fueran sus esposas. Lo importante era crear “soldados”
para la patria.