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El blog de Susana

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En estas páginas plasmo mi opinión y mis experiencias.
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Perdonar como ejemplo

Filosofía de la vida Posted on Fri, February 15, 2019 21:45:34

Hace años que sé que tengo que trabajar el perdón. Me compré por el año 2014 una
baraja de Ángeles y la única carta que me salía una y otra vez era aquella de
perdonar. Creo que nunca entendí bien aquel verbo. Tampoco, por qué la vida me
traía situaciones de traiciones. Sí, me han traicionado un sinnúmero de veces, y
me han dolido de forma especial porque me considero una persona leal. Más
encima, han sido traiciones de telenovela, y yo metida en una telenovela equivocada.
Si las contara… pero no deseo hablar mal de nadie. Aunque, creo que, sólo un
ejemplo sirve de ayuda a la comprensión.

La intriga
sucedió el año 2018 por padres del curso de mi hijo, quienes son conocidos en
el barrio por “sus buenas acciones”. A decir verdad, estas
personas (dos mujeres y un hombre) no sólo me traicionaron en forma directa sino
que de paso difamaron mi nombre. Y no sólo me traicionaron y difamaron, sino
que me culparon por defenderme. Pasé de víctima a victimario. Aún cierta gente me
mira con odio, a pesar de que no hice nada malo. Pero en este país, ser franco
y sincero representa uno de los crímenes más grande. Así es, la hipocresía
reina en todas partes.

La impotencia por lo sucedido me hizo estar hasta
fines del año pasado con una alergia crónica que me tuvo en noviembre y
diciembre, además, con bronquitis obstructiva. Si no fuera por la homeopatía habría
ido a parar al hospital (porque llegué a la homeopatía después que ningún
medicamento me ayudara a controlar el asma). Pero, gracias al cielo, he decidido
comprender qué significa el perdón y que sanando el alma se sana el cuerpo. Y el cielo me ha ayudado todo este tiempo; era yo la que se negaba a aceptarlo y ponerlo en práctica. Lo que
sucede nunca es en vano. Incluso cuando escribo llego a sentir lástima por aquella
gente sucia de mente y espíritu. No hay otra forma de describirlo. Gente
intolerante, pero peor aún falsa e hipócrita, que debido a cierto complejo de
inferioridad, se las arregla para ser elegida en los centros de padres u otra asociación
a nivel de barrio, y ojo, que hablo del barrio de un pueblo, para darse a conocer.
Hablo de dos mujeres que se enorgullecen de “organizar los basares anuales en
el jardín infantil” (esas mismas palabras me las restregaron en el rostro). Sin desviarme del tema,
perdonar ha significado para mí no seguir deseando que esta gente se muera ni
que sea ajusticiada. Porque, más encima, luego que estas dos mujeres me imputaran
hechos que jamás cometí, y más encima, me salieran con un discurso de índole casi
nacionalsocialista : “Tú no debes hablar en tu idioma materno en frente de otra
gente”. Nunca comprendí esta afirmación, porque cuando hablo con una española en
forma privada no voy a hacerlo más que en español, aunque esté medio mundo presente.
Es de perogrullo. Y lo que hablo en privado, tampoco le concierne a nadie más,
menos aún cuando hablamos sobre nuestros hijos o de yoga. Lógicamente, apenas
me pude defender porque todo sucedió en alemán, y ¿quién piensa rápido y
preciso en un idioma extranjero? El marido de una quiso pegarle al mío porque él
las despidió con el grito: “ya está bueno, déjenla tranquila”. Al tipo éste (el
marido) hasta le pedí perdón para que se largara, aunque jamás hablé ni mal ni
bien sobre su mujer (ella no estuvo involucrada en el problema real). A pesar
de todo, afirmó en mi cara que había hablado mal de su mujer en mi idioma
materno. Lo negué, reitero, porque como ella no estuvo involucrada en forma aparente
en el verdadero problema, jamás la mencioné. Él sólo atinó a decirme que nadie
entendió ni una palabra de lo que hablaba (en privado con la española con quien me
río mucho), así que debe haber sido así. ¿Qué enfermedad sufre esta gente? Aún
no puedo seguir la lógica, porque no la hay. Lamentablemente, no
sólo hay gente intolerante sino que estúpida, y no por partida doble, sino triple. Cuando supe que el padre de ella también estuvo quejándose en público de que
hablara con la española en español, la estupidez viene por partida cuádruple, y
al parecer se hereda. Como otro señor (más encima, un profesor universitario) se
molestó conmigo por quejarme sobre toda la situación injusta en la que me vi
implicada, la estupidez viene también por partida quíntuple. Porque,
ciertamente, títulos o diplomas no hacen gente buena ni menos justa. Como este
señor de “noble corazón”, como la gente lo conoce donde vivo, más encima, está
involucrado en un engaño (aún desconocido por la población de esta ciudad) con
dineros estatales, también creo en el dicho “dime con quien andas y te diré quién
eres”: Falso como sus dos amigas. Porque si sale a la luz pública el engaño que
huele a estafa del cual fue partícipe, no sólo va a perder su buena reputación.

Y esto fue sólo un pedacito, porque la historia
de falsedad e intriga da para largo. Pero no la voy a contar por completo,
porque no vale la pena. Luego de quejarme con la gente indicada sin lograr nada,
escribí una carta al periódico local aduciendo que los alemanes tratan a un
extranjero como solían hacerlo con los judíos; los marcan, aunque ya no con la estrella
cosida en el pecho, sino con una estrella que todo extranjero lleva automáticamente
en el pecho por el solo hecho de ser extranjero, ahora medio mundo, más encima,
me desprecia. Pero la verdad hay que decirla. Otro dicho dice que “cuando se cierra
una puerta, se abre una ventana” y, ciertamente, en las malas se reconocen los
amigos sinceros, los he tenido y agradezco la sinceridad de la gente. Como, lamentablemente,
la gente que me dio su apoyo empezó a sufrir “mala suerte”, comencé a creer que
el odio que tiré contra los malos cayó en quienes yo quería (un pensamiento
fue, ¿por qué esa mentirosa no se quiebra una pierna? ¡Y una amiga se cayó y se
quebró la mano!). Porque es cierto que otras almas se sacrifican para que uno vea
o aprenda ciertas cosas. Las
señales están a la vista. Y como terminó tocándole el turno a mi hermana, decidí
por fin comprender y aceptar que el odio no hace más que devolverse (si no en uno
mismo, en los que queremos) y que las injusticias no serán resueltas más que
por justicia divina. Lo único que haré es tratar de alejarme de esa gente lo
más que pueda porque la hipocresía que los rodea es insoportable. Y hasta siento
lástima, porque al enterarme que no he sido la única en sufrir a causa de sus
intrigas, algo me dice que sufrirán y justamente en lo que más le duela. Pero si
no es así, no me importa, en realidad, porque me he liberado del odio y la
impotencia, sabiendo que era lo que tenía que vivir. Y que esto sirva de ejemplo para quienes me lean no crean el cuento que quienes
predican el perdón, el amor o la compasión llevan una vida perfecta. No es así.
Perdoné no sólo por mí, sino por aquellos a quienes aprecio y quiero. Y pido
a Dios que muchos de ustedes logren perdonar, no por mí ni por alguien otro,
sino por ustedes mismos, porque hace bien al alma vivir en paz. Porque algo es
seguro: Cuando cambia algo en nosotros mismos, cambia algo en el mundo entero.



La abundancia

Filosofía de la vida Posted on Fri, November 23, 2018 10:42:31

¿Qué es la abundancia? Cuando
escuchamos la palabra “abundancia”, inmediatamente, nos conectamos con el
dinero. Por algo dice el diccionario: “Prosperidad y buena situación económica”.
“Abundancia” es tener todo lo material que necesitamos. Pues, no es así. Hay un
dicho que dice que “hay gente que es tan pobre, que lo único que tiene es
dinero”. Otros podrán decir que, el dinero no hace la felicidad, pero ayuda.
Tampoco es así. El dinero no compra amor ni salud, a decir verdad, sólo la
envidia ajena (tal vez, por ello las filosofías orientales piden vivir en
austeridad). La vida ha puesto en mi camino todo tipo de gente, y como la idea
no es sólo aprender de las experiencias propias, sino que también de las ajenas,
puedo poner un sinnúmero de ejemplos. De hecho, tengo una amiga a la que le
llegan todas las desgracias juntas. Esta pobre mujer está atrapada en un hoyo,
pero está tan ciega que no ve que el agujero lo cava ella misma. Tampoco me ha
servido tratar de abrirle los ojos, lamentablemente, “el maestro llega cuando
el discípulo está listo” y ella no parece haber sufrido lo suficiente como para
abrir los ojos. Decididamente, la gente no quiere escuchar ni menos ver. La
vida se encarga siempre de seguir poniéndonos las mismas piedras para que nos caigamos
una, dos, mil veces hasta que, algún día, nos demos cuenta. En el peor de los
casos, no nos damos cuenta, sino que nos golpearemos la cabeza para terminar
corriendo al siguiente médico que nos cure. Pero ningún médico ni ningún
medicamento podrá curarnos, y, finalmente, llegará el cáncer como última
salvación. Lamentablemente, ni el cáncer ayuda a mucha gente a abrir los ojos. Ni
menos la muerte. No, la única salvación es la vida, por algo estamos todos aquí
viviendo lo que tenemos que vivir. El primer paso para llegar a la abundancia
es darnos cuenta que no se trata de dinero, sino de algo más. Para alcanzar la
abundancia hay que abrir los ojos. ¿Y qué significa eso? Pues, sencillamente,
ver que el mundo no es como la sociedad lo pinta. Es decir:

1)
No
hay que cumplir ciertos estándares para ser feliz. Hay que llenar la vida con
lo que uno siente que debe llenarla.

2)
La
cabeza y el corazón tienen que estar equilibrados. Como leía por ahí, lo mejor
es pensar con el corazón y sentir con la cabeza.

3)
El
amor no es sólo amor romántico ni menos sexo. Quién carezca de pareja, no debe
buscar una desesperadamente a cualquier precio. Quien da verdadero amor,
siempre lo recibe. Amor puede ser sólo un gesto de compasión, una palabra de
apoyo, la ayuda desinteresada. Si sentimos que no somos amados es porque no
damos amor (cariño, comprensión, compasión, fraternidad, apoyo, etc.).

4)
Hay
que “dejar fluir”. La vida es como debe ser, nada es casualidad, y si algo no
resulta es por algo. Seguir con algo que no funciona sólo trae frustración.

5)
La
sociedad está “pintada” como lo quieren los poderes políticos. Hoy en día, todo
es política, incluso la religión. Se recomienda mucho no leer periódicos ni ver
noticias por alguna razón, y esta razón es que uno no se hunda en la desgracia
humana creada por la política. Los poderes políticos están creando un mundo para
controlar a la gente a su gusto, y las desgracias, guerras, terrorismo, etc. hace
que el ser humano sea más factible de controlar, ya que crea un “enemigo” contra
al cual todos tenemos que luchar. Abrir los ojos es darse cuenta que los buenos
no son necesariamente son buenos, sino que pueden ser los malos. Y viceversa.

6)
En
conexión a lo anterior; no hay que pedir que se mueran los malos, sino que se
haga justicia.

7)
Dios
o el universo escucha muy bien nuestros deseos. Cuidado al pedirlos, porque
pueden llegar en una forma que no nos esperábamos.

8)
El
dinero no compra la felicidad, ni tampoco ayuda a conseguirla. Tanta gente que lo
único que tiene es dinero en la cuenta de banco, y todo lo otro es ficticio: amigos,
amores.

9)
La
salud no se compra tampoco. Cuando se tiene dinero no sé es saludable. La salud
del cuerpo está ligada a la del alma, es decir, a los sentimientos. Lo que
no logremos trabajar en nuestro interior terminará por manifestarse en alguna
enfermedad. Comer y vivir sano nos ayuda controlar nuestra fuerza interior.

Abundancia es que todo fluya en nuestra vida, siendo feliz con lo que se
tiene, porque eso es lo que nos merecemos.



El mundo al revés

Filosofía de la vida Posted on Mon, October 15, 2018 11:36:04

Que
los seres humanos sean diferentes en su aspecto físico no es ninguna
casualidad. Al contrario, las diferencias en su aspecto denotan las diferencias
culturales; al menos, antes que llegara la globalización. Personalmente, doy la
bienvenida a esta mezcla cultural. Tal vez, y de una vez por todas, el hombre
deje de lado un orgullo racial sin fundamento y se dé cuenta que, en el fondo, un
hombre de verdad no está determinado por su aspecto, su origen o estudios,
menos aún, por el dinero, sino por algo que va más allá de eso, y que,
lamentablemente, es muy difícil de determinar a simple vista.

Pareciera
que el mundo está al revés, pero no lo está. Para quien ha visto alguna de las
películas de “Alicia en el país de las maravillas” y se detiene en la parte en
que Alicia cae en el agujero del conejo, podrá ver que ella ve objetos conocidos
y no ajenos, en ningún caso pertenecientes a un mundo desconocido, ya sea alienígena
o futurista. La niña se pone de cabeza y todo está al revés. Pues sí, todos
somos una Alicia cayendo por este agujero sin fin, en un agujero de vida que
nos llevará, en algún momento, a la verdadera realidad de la existencia. Pero
antes de llegar a destino, hay que seguir cayendo por el agujero, incluso de
cabeza. Así estamos en este mundo, de cabeza.

“El
mundo no está normal”, me dice la gente cuando me la encuentro por la calle.
Varias veces he escuchado o leído, que “sería mejor que se acabara el mundo”. Y
me pregunto: ¿Lo sería? ¿Por qué? Es como el suicida, quien sin ver un final satisfactorio
a su vida, opta por ponerle fin. Y es muy valiente por acabar con su vida. ¿ O
es un cobarde? Valiente o cobarde, los problemas no saldados volverán según la
ley de las encarnaciones. Por supuesto, quien no crea en ella no necesita
preocuparse de nada, por el momento. Pero obviar un problema, no sirve de nada.
Enfrentarlo hace la diferencia, incluso si se pierde la batalla. Enfrentarlo
nos hace fuertes. “Lo que no me mata, me fortalece”. Y la vida continúa; sí proseguirá,
incluso si explotan todas las bombas atómicas en conjunto y nos exterminan como
quien mata una hormiga. La vida volverá a desarrollarse; la vida siempre busca
un nuevo camino.

¿Cómo
es que llegamos donde estamos? ¿Dónde estamos, en realidad? Para muchos,
estamos en mundo sobrepoblado. Es lógico que al disminuir las guerras y con el descubrimiento
de los antibióticos o el desarrollo de vacunas, la esperanza de vida del ser
humano se haya alargado. Yo creo que no; existen otras causas de mortalidad, y
de alguna manera, la naturaleza buscará lograr el equilibrio necesario. Para
otros, estamos en un mundo donde escaseará la comida. Vienen a la memoria, escenas
de niños africanos desnutridos muriéndose de hambre. Que ellos se mueran,
literalmente, de hambre, no cambia que en otros países la obesidad sea la principal
enfermedad. El mundo “desarrollado” tiene comida en abundancia; el ser humano
se alimenta ya sólo de comida basura y la comida se bota en toneladas. Que hay,
hay. Cómo se distribuye, es otro problema. Con la disminución del trabajo
físico y el aumento de horas de oficina, el hombre necesitará ingerir menos
alimento.

¿Dónde
estamos? Estamos en un mundo que intenta cambiar, porque muchos seres humanos,
mientras caen, quieren darse vuelta para caer de pie y no cabeza. Todos iremos
a caer de pie, eso es seguro, pero es mucho mejor observar el mundo en una
buena posición mientras seguimos cayendo por el agujero, por el agujero de la
vida, porque sí, el mundo no está al revés, somos nosotros lo que lo estamos. Y
al darnos vuelta, veremos el mundo tal como es.

¿Dónde
estamos? Estamos en un mundo cruel, egoísta, lleno de envidia y odio, superficial,
donde reinan el dinero y el poder. Nada nuevo. Seguramente, como hace cientos
de años. La diferencia es que, hoy en día, muchos hombres quieren cambiarlo, de
alguna manera. Y no con el lema: “que se mueran todos”, sino con el lema: “yo
aportaré mi granito de arena”. Cada vez más, hombres y mujeres buscan ver el
mundo de otra perspectiva. Por algo se empieza.

Algunas
religiones hablan del infierno, un lugar oscuro, donde reina el fuego, gobernado
por un ángel caído, rey de demonios y bestias. Quien cae en el infierno, se
quemará en un fuego eterno de dolor y sufrimiento y no podrá salir de él. Y las
religiones profesan la bondad para no caer en sus llamas eternas. Que exista o
no un infierno en un mundo paralelo o después de la vida, es algo que cada
persona puede elegir creer o no creer. El ser humano es libre de pensar. Lamentablemente,
hoy se piensa poco. En fin, el infierno lo viven muchos humanos sobre esta
Tierra. Cada uno vive o ha vivido su propio infierno, en algún momento de su
existencia. ¿Y el paraíso? Aquel lugar que es todo lo contrario, donde la luz lo
envuelve todo, y el canto de los ángeles, los seres más hermosos de la
creación, deleitan el ambiente… ¿se encuentra el paraíso en un lugar como éste?
Para otras culturas, el paraíso se encuentra en nuestro interior. Y aunque aún
es difícil creerlo, quién quiere vivirlo, lo vivirá en este mundo. Muchos viven
su mundo, eso está claro. Y para aquéllos, desconectarse de las desgracias de este
mundo no afectará el suyo. Pero, ¿es eso correcto? ¿No involucrarse con la escoria
para no contagiarse de lepra es la solución? ¿Mientras menos nos involucremos,
mejor? ¿Acaso no somos todos solamente uno? Si yo estoy bien, de alguna forma, ¿haré
que se sienta bien el de al lado? ¿Y cómo lo logro? Hay que darse vuelta de a
poco.



El pasado es el culpable del presente

Filosofía de la vida Posted on Sun, September 23, 2018 18:41:44

¿Qué será del futuro con el presente que
vivimos? Cuesta darse cuenta que la historia no está para aprenderse de
memoria, sino para aprender de ella. Los hechos se repiten en forma cíclica
hasta que alguien se atreve a romper con el círculo. Y no sucede sólo a nivel
mundial, sino que en el seno de una familia. El chileno Pedro Engel lo llama “ancestrología”.
Este señor, cuyo apellido significa “ángel”, se dedica a sanar el árbol
familiar y merece todo mi respeto. La “crítica” por sí sola no basta sin una
solución de fondo.

Quizá no sea fácil contestar la pregunta.
Algunos dirían que, primero, porque no podemos conocer el futuro. Segundo, no
vamos a ser testigos del futuro. Pues, yo creo que el futuro es predecible sin
cartas ni objetos de adivinación. Si continuamos con nuestra conducta todo
permanecerá estático, incluso aunque el mundo cambie. Mientras no nosotros no
cambiemos algo, nuestro “mundo” será el mismo. Y aunque medio mundo se queja de
cómo está el mundo a nivel mundial, pocos son los que se atreverían a hacer
algo para cambiarlo. ¿Y qué se puede hacer?, es la pregunta del millón. Hay
muchas soluciones. A nivel “espiritual” se encuentran la ancestrología, como
mencionaba arriba, o el “ho’oponopono”. Soluciones poco ortodoxas, pero la historia muestra que
revoluciones sangrientas han llevado a través de la historia a la liberación de
pueblos, que luego cayeran en manos de gobernantes peores que los recién derrocados.
La violencia genera más violencia.